Una vida digna



Vivir en situación de pobreza no significa exclusivamente tener bajos ingresos monetarios. Significa carecer de muchas cosas como acceso a servicios de salud, educación, privación de conocimientos y un limitado ejercicio de los derechos humanos y políticos, el deterioro ambiental en el que se vive, mala alimentación, entre otras muchas cosas.

La educación es la clave para cambiar la sociedad civil, es la clave para combatir la pobreza, la exclusión, la enfermedad y es la clave para traer la paz

La alfabetización de los adultos, en particular de las madres de familia, ejerce una importante influencia sobre la escolarización de sus hijos, en particular de sus hijas. El aprendizaje en la temprana infancia y los programas preescolares ofrecen a los niños que ingresan en la escuela primaria muchas más oportunidades de permanecer hasta terminar el ciclo, pero dichas oportunidades son reducidas y escasas en la mayoría del mundo en desarrollo.

Las oportunidades de cursar una enseñanza secundaria de calidad y los programas de aprendizaje permanente motivan a los estudiantes a alcanzar el nivel de educación más alto posible y a considerar que el aprendizaje es una tarea que dura toda la vida.

La educación es un factor fundamental para contribuir a que la sociedad tenga acceso a una vida digna, así como para que una nación fortalezca su crecimiento. Para ello, se requiere que la formación académica sea parte de una política gubernamental integral, encaminada a impulsar el desarrollo económico.

Asimismo, la educación debe estar acompañada de acciones para atraer y generar inversión y empleos, para que los jóvenes que cada año egresan de la universidad cuenten con opciones para incorporarse a la vida laboral y desde ahí contribuyan al desarrollo de una entidad y del país en su conjunto.

Los profesores juegan un papel fundamental, toda vez que transmiten su conocimiento y experiencia para preparar a sus alumnos ante las exigencias técnicas, sociales, económicas, culturales y tecnológicas del mundo actual.
Los maestros son una figura de autoridad, son un ejemplo para las nuevas generaciones.

Por ello, admiro y respeto a los profesores que honran tan digna profesión. Ellos contribuyen a formar mejores personas.

Hemos construido una cultura que mira a la naturaleza y a las personas desde la exterioridad, que esconde la vulnerabilidad de cada vida humana y quita las relaciones y trabajos necesarios para reproducir y sostener cotidianamente la vida. Nuestra civilización tiene un enorme problema: cree que progresa mientras se destruye a sí misma.

La vida económica se articula alrededor de la obtención del beneficio en el menor plazo posible de tiempo, utilizando ese planeta finito como un almacén de recursos y un vertedero que da síntomas de agotamiento. El dinero ha adquirido una dimensión sagrada. Creemos y sentimos que necesitamos dinero más que alimento, aire, limpio, agua o cuidados.
Una educación enfocada a la resolución de los problemas sociales, económicos y ecológicos, una educación que se vuelque en la consecución del bienestar para todos y todas, en la transformación de personas capaces de percibirse como eco dependientes y que sean conscientes de las profundas interdependencias que nos permiten estar vivas, puede jugar un papel fundamental en el cambio de paradigma de la civilización que cada vez es más urgente.

Una educación que ponga la vida en el centro, ayudará a establecer vínculos afectivos con el resto del mundo vivo. Permitirá aprender el respeto a los animales no humanos, a reconocernos parecidos y diferentes a estos compañeros de vida planetaria y a denunciar la violencia contra ellos.
Educar en la justicia e igualdad requiere respetar también la singularidad. La escuela debe situar la diversidad como lo que es, un verdadero seguro de vida para la propia vida.

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